sábado, 10 de marzo de 2018

Qué es la vida sino un conjunto de elecciones, tanto propias como ajenas. Decisiones que chocan entre sí constantemente, formando una red inmensa que nos conecta a todos. Sin siquiera conocernos somos la causa y el efecto, engranajes que complementan la maquinaria más grande jamás creada; el tiempo. Nos movemos en círculos, buscando  alguna salida, queriendo encontrar una razón, el porqué de la existencia.
Tenemos un tiempo muy limitado para entender todo lo que nos rodea, y la mayor parte de las veces fallamos en el intento. No entendemos al que tenemos de nuestro lado, la rutina que llevamos, la vida que nos toca, inclusive a nosotros mismos. Pero así vivimos y convivimos; apurados, confundidos, llenos de ira, dominados por el miedo. Corriendo las mismas vueltas en una jaula sin tomarnos el mínimo respiro, ni observar qué se encuentra alrededor de ella.
La vida es caprichosa, una lotería constante que se juega en cada segundo que pasa. Todo puede cambiar de un momento a otro, dependiendo de cómo se desencadenen las reacciones de nuestras acciones, de cómo el tiempo juegue sus números.
Mientras uno vive de manera sistemática, ocurren miles de situaciones diferentes, con lugares y gente que nunca se llegaría a conocer. Y al salir de nuestra zona de confort, nos enfrentamos a todo eso. Por algo suele decirse que ningún día es igual al anterior, porque nunca sabemos qué puede suceder, ni con qué nos podemos encontrar. La vida es caprichosa, pero el tiempo mucho más.