Cierro los ojos tratando de escapar de mi realidad, pero los abro y no sé si sigo en este mundo o lo que observo es una pesadilla. Estoy en una ciudad sepultada por la nieve, no hay risas, no hay vida, el silencio se hace ensordecedor.
Me siento seguro y aislado, pero busco en cada rincón por alguien que me haga compañía. Estoy cansado, formo personas con la nieve para no sentir tanta soledad, pero se terminan destruyendo y tengo que volver a empezar. Cuando cae la noche me desespero, no logro ver camino alguno, el frío me insensibiliza. Necesito un abrazo, necesito escuchar la voz de alguien, sé que no voy a encontrar a nadie.
Amanece, pero el sol no se ve, las nubes grises lo tapan de mi vista. Otra vez comienzo la rutina, con la esperanza de que esta vez algo va a cambiar, el fuego de la esperanza me mantiene caliente en este infierno congelado. Vuelvo a entrar casa por casa, quizás esta vez alguien me esté esperando, pero siguen todas vacías, es como si hubiesen tomado todo lo que había dentro de ellas y marchado sin más. Pobres casas, abandonadas a su suerte, sin nada por dentro, solo queda el recuerdo que guardan entre cuatro paredes.
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