domingo, 4 de diciembre de 2016

Un día como cualquiera

A veces me siento tan triste que no puedo evitar ignorar las pocas cosas buenas que tengo. Es un dolor que se esparce desde el corazón, extendiéndose por todo mi cuerpo. Ojalá alguien, algún día, logre escucharme de manera sincera. Quisiera tener una persona con la cual poder compartir momentos, quisiera no sentirme tan solo. A pesar de que me esfuerzo por revertir la situación siempre resulta en nada. Me culpo a mí mismo, hasta llegar al punto en que dejo de intentarlo. Es un ciclo que se repite miles y miles de veces, no tengo salida. Qué es un amigo me pregunto, y es que aquellos que dicen ser amigos no están en esos paseos que tengo que dar en solitario, en esas películas que veo en el cine sin nadie que me acompañe, en esas tardes y noches llenas de melancolía, pensando en tiempos pasados en los cuales no me sentía tan miserable. Trato de evitar estos pensamientos que me invaden durante gran parte de mi tiempo, hasta que el silencio se hace eterno y no puedo acallar las voces que me torturan. Finjo ser  fuerte cuando por dentro mis cimientos se encuentran cada vez más al borde del colapso. ¿Será mi destino el ser un desdichado, alguien que está condenado a pasar el resto de su vida solo, sin encontrar a nadie o algún día podré encontrar a alguien que se sienta como yo y así poder compartir nuestros momentos de soledad y silencio?

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