miércoles, 17 de mayo de 2017

Vuelta a caer en esa espiral llena de incertidumbre y desconcierto, donde cada pensamiento choca contra otro. Provocando una avalancha de sensaciones que no puedo controlar. Es un momento confuso, en el cual lo único que me apetece hacer es perder la mirada en medio de la nada.
Mientras más la fijo, más pierdo el contacto con el exterior. Mientras más distante, más frío se vuelve el ambiente.
Así es como paso de estar en un lugar conocido a no saber dónde estoy parado. Los "amigos" se vuelven perfectos extraños. Las conversaciones sin sentido me llevan a callejones sin salida. Con cada callejón va tomando forma un laberinto, dejándome encerrado en el interior de sus enormes paredes. Aunque grite, llore o pida auxilio sé que nadie va a poder escucharme. Aunque espere algún milagro sé que ya estoy condenado. Es una maldición que me persigue, una cruz con la que cargo.

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