No hay motivo de alegría o de tristeza. No hay razón para festejar, ni tampoco para lamentarse. Vivo y muero en cada día que pasa, disfrutando de cada detalle que pueda. Los pensamientos que rebotan en el más absoluto de mis silencios ya no me lastiman.
No diría que estoy bien, pero tampoco podría decirse que estoy mal. Mi vida adquirió cierta tonalidad gris, como un cielo nublado que no deja salir el sol. No sé a qué dirección estoy yendo, pero no dejo que mi falta de orientación me estanque en el camino. No sé con qué motivo escribo esto, ni cuál es mi sensación en estos momentos. De alguna manera mis inseguridades se encuentran más seguras que nunca, dejándome un sabor agridulce.
Tengo una mezcla de emociones que no puedo describir, pero podría decirse que me siento derrotado y listo para la victoria. A la vez que victorioso y listo para la derrota.
Hermoso
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