domingo, 2 de julio de 2017

Cuando el silencio se apodera de todo lo que me rodea, mi cuerpo se siente petrificado. Siempre me pregunté por qué me cuesta tanto vislumbrar mi futuro, es algo que nunca pude ni puedo imaginar. Mis planes no son nada junto a la imprevisibilidad  de la vida. Sin embargo, ella sigue pasando, y mi camino no puede quedar sin ser recorrido. ¿A qué punto quiero llegar?
Si algo tuve claro desde temprana edad es que iba a ser una persona solitaria. En un momento determinado empecé a sentir algo en mí que me alejaba de los demás, hasta el momento no puedo descifrar qué es. Por más que luche contra esa corriente no la puedo cambiar, por más que intente dar vuelta la situación siempre regreso al mismo lugar. Soy como un lobo solitario que fue expulsado de su manada. Obligado a soportar el frío invierno que lo azota sin piedad, tratando de sobrevivir bajo cualquier medio.
Mis únicos acompañantes en momentos como este son el desasosiego y un extraño malestar en mis entrañas. Como si todo el peso de mis decisiones recayese encima de mí, como si cada día fuese un trago amargo que raspa mi garganta.

viernes, 26 de mayo de 2017

No puedo evitar sentirme lleno de ira. No sé si contra mí, contra la vida, o tal vez un poco de todo. Es algo que, aunque no quiera, se va acumulando con los años. Detrás de la sonrisa y amabilidad que trato de mantener, incluso con gente que no la merece, se esconde una bomba de tiempo. Una bomba que amenaza con explotar, pero nunca termina de hacerlo.
En mi afán por tratar de mejorar como persona contengo todo tipo de emociones y pensamientos negativos. Por eso me escondo detrás de la sonrisa, los chistes sin sentido y una actitud de relajo frente a las adversidades del día a día.
Pero, puertas adentro, siento que estoy podrido del mundo. Respirando un aire denso que llena de odio mis pulmones, hasta oprimirme el pecho.
No tengo a quién recurrir, no encuentro forma para descargarme. Sólo me tengo a mí, pero ya no sé qué hacer conmigo. No encuentro manera de estar en paz. Me nutro de estímulos para recordarme que todavía estoy vivo. Y cada vez necesito más de ellos, como si fuese adicto a una droga.
Por momentos me pierdo, y no sé quién soy. Dicen que nuestras acciones son las que nos definen. ¿Pero qué hay de los pensamientos? Qué tal si mis acciones no son más que una manera de mentirme a mí mismo, haciéndome creer en una bondad que nunca existió. No sé si vivo fingiendo, o verdaderamente soy quien creo ser. Mi cabeza quiere explotar, y la verdad ya no encuentro qué hacer.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Vuelta a caer en esa espiral llena de incertidumbre y desconcierto, donde cada pensamiento choca contra otro. Provocando una avalancha de sensaciones que no puedo controlar. Es un momento confuso, en el cual lo único que me apetece hacer es perder la mirada en medio de la nada.
Mientras más la fijo, más pierdo el contacto con el exterior. Mientras más distante, más frío se vuelve el ambiente.
Así es como paso de estar en un lugar conocido a no saber dónde estoy parado. Los "amigos" se vuelven perfectos extraños. Las conversaciones sin sentido me llevan a callejones sin salida. Con cada callejón va tomando forma un laberinto, dejándome encerrado en el interior de sus enormes paredes. Aunque grite, llore o pida auxilio sé que nadie va a poder escucharme. Aunque espere algún milagro sé que ya estoy condenado. Es una maldición que me persigue, una cruz con la que cargo.

jueves, 20 de abril de 2017

No hay motivo de alegría o de tristeza. No hay razón para festejar, ni tampoco para lamentarse. Vivo y muero en cada día que pasa, disfrutando de cada detalle que pueda. Los pensamientos que rebotan en el más absoluto de mis silencios ya no me lastiman.
No diría que estoy bien, pero tampoco podría decirse que estoy mal. Mi vida adquirió cierta tonalidad gris, como un cielo nublado que no deja salir el sol. No sé a qué dirección estoy yendo, pero no dejo que mi falta de orientación me estanque en el camino. No sé con qué motivo escribo esto, ni cuál es mi sensación en estos momentos. De alguna manera mis inseguridades se encuentran más seguras que nunca, dejándome un sabor agridulce.
Tengo una mezcla de emociones que no puedo describir, pero podría decirse que me siento derrotado y listo para la victoria. A la vez que victorioso y listo para la derrota.

domingo, 11 de diciembre de 2016

En momentos como el de hoy es cuando más te recuerdo. Cuando el sueño me abandona y no tengo a nadie en quien acudir. Con pensamientos acumulándose sobre mi cabeza, como una gran pila que amenaza con derrumbarse sobre mi cuerpo. Los recuerdos se hacen más lejanos con el tiempo, quedando nada más que pequeños fragmentos, como si todo hubiese sido sólo un sueño.
Si me dieran a elegir escogería uno de nuestros momentos más felices, lo inmortalizaría y viviría encerrado en ese bucle para siempre. Tu ausencia es una agonía, tu olvido todo un infierno en vida. Seguramente ya no siga presente en tus pensamientos, quizás otro tomó mi lugar. Aunque ya no es algo que me importe, porque siempre vas a ser mi dulce veneno.
Gran parte del mundo vive una vida carente de sentido, una vida repleta de espacios vacíos que se tratan de llenar con lujos, placeres, entretenimiento. Siguiendo los mismos patrones de siempre, corriendo en círculos dentro de una jaula creyendo que tienen libre albedrío. Pocos se paran a pensar si el camino que están tomando es el correcto, no cuestionan nada sobre la realidad que les concierne.
Somos partículas de polvo preocupadas por el pasar del tiempo, la muerte y el olvido. Corremos en círculos, buscando algún propósito que le de sentido a nuestra breve existencia. Algo que nos haga sentir importantes, vivos, satisfechos. Me pregunto si todo esto que vivimos tiene sentido alguno, quizás sólo tenemos que conformarnos con elegir una entre tantas ilusiones que nos mantengan ocupados hasta el fin de nuestros días.
Es insano fingir que todo está bien, lo cual hace que la sociedad se encuentre cada vez más enferma. Vivimos con máscaras que no nos dejan expresar lo que sentimos. Acumulamos tanto que terminamos por explotar, afectando todo aquello que nos rodea.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Un día como cualquiera

A veces me siento tan triste que no puedo evitar ignorar las pocas cosas buenas que tengo. Es un dolor que se esparce desde el corazón, extendiéndose por todo mi cuerpo. Ojalá alguien, algún día, logre escucharme de manera sincera. Quisiera tener una persona con la cual poder compartir momentos, quisiera no sentirme tan solo. A pesar de que me esfuerzo por revertir la situación siempre resulta en nada. Me culpo a mí mismo, hasta llegar al punto en que dejo de intentarlo. Es un ciclo que se repite miles y miles de veces, no tengo salida. Qué es un amigo me pregunto, y es que aquellos que dicen ser amigos no están en esos paseos que tengo que dar en solitario, en esas películas que veo en el cine sin nadie que me acompañe, en esas tardes y noches llenas de melancolía, pensando en tiempos pasados en los cuales no me sentía tan miserable. Trato de evitar estos pensamientos que me invaden durante gran parte de mi tiempo, hasta que el silencio se hace eterno y no puedo acallar las voces que me torturan. Finjo ser  fuerte cuando por dentro mis cimientos se encuentran cada vez más al borde del colapso. ¿Será mi destino el ser un desdichado, alguien que está condenado a pasar el resto de su vida solo, sin encontrar a nadie o algún día podré encontrar a alguien que se sienta como yo y así poder compartir nuestros momentos de soledad y silencio?