domingo, 22 de mayo de 2016

Jardín del Edén

Te vi, parecías un ángel abriéndome las puertas del cielo. Tus labios me llevaron directo a las llamas del infierno. Tan destructiva y voraz, angelical, con un toque de perversidad y maldad. Dueña de mis deseos, conocedora de mis verdades. Construyamos nuestro propio paraíso en la tierra, cometamos el pecado de la carne. Hagamos el amor mientras suenan las trompetas del apocalipsis de fondo. Me dejo llevar por la lujuria, la razón no tiene razón de ser. Somos dos animales salvajes, despojados de toda consciencia. Somos dos almas que se unen y luchan por la supervivencia. Somos Adan y Eva, comiendo del fruto prohibido. Soy ese pensamiento perverso cada vez que te susurro al oído. No es un muerto al que sepulto en este entierro, y en tu jardín no quiero saber nada de destierro.

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