La muerte se encuentra allí por donde camino. Tengo las manos frías, un aspecto sombrío, y la gente me teme. Estoy condenado a vagar solo, porque todo lo que toco perece entre mis manos. Mis caricias son letales, soy incapaz de dar amor. Estoy enamorado de la vida, pero me limito a verla de lejos. Me siento triste porque sé que nunca seré capaz de sentirla, mi lugar se encuentra en la oscuridad, en algún rincón donde la luz no me puede alcanzar. Me gustaría tener algo de compañía, pero hasta las rosas pierden su color con mi sola presencia. Cuando una persona me abraza, el brillo de sus ojos se pierde con la plenitud del ocaso, y el calor de su tacto se pierde con el frío viento que azota sin piedad a quien se interpone en su camino.
La luna, angustiada, me observa sin poder hacer nada al respecto. Me toca cargar solo con el peso de mis lamentos. Perdí la noción del tiempo, y olvidé el significado de mi existencia. Mi viaje no tiene fin, mi sufrimiento es una molestia eterna.
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