La vida es una paleta de colores que se va diluyendo con el tiempo,
la mía no es más que una escala de grises porque así es como me siento.
Me dicen asesino por matar al niño que había dentro de mi,
lo que no saben es que mi cordura se esfumó a causa de las ilusiones que perdí.
No encuentro la salida para escapar de este laberinto,
y olvidé la cuenta de las veces que tomé un rumbo distinto.
Estoy enfermo de odio y la cura en estos tiempos escasea,
una vida tranquila y sin preocupaciones es todo lo que alguien como yo desea.
Es un tumor que vuelve a crecer, no importa cuantas veces lo arranques. Fluye por el torrente sanguíneo infectando todo tu cuerpo, obligándote a cometer desastres.
El control se pierde, la mente se pone en blanco. Aparecen imágenes de espanto, y se oyen voces que por las noches me espantan con sus cantos.
La conciencia me culpa de crímenes que nunca cometí,
de testigos me señalan personas a las cuales nunca despedí.
No hay alarma que me despierte de esta pesadilla recurrente,
dicen que quien enfrenta sus miedos puede reclamar el título de "valiente".
A veces sueño que soy un águila que vuela por todo lo alto, pero se forma una tormenta y me derriba con uno de sus rayos.
En otras me encuentro de manera relajada, observando las nubes en un campo. Hasta que me tapa la sombra del señor feudal, recordándome que soy uno más de sus vasallos.
La libertad en este mundo es una utopía,
y de existir habría que pagar todos los meses una membresia.
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