Soy una persona sin mucho que decir, sin mucho que contar. Alguien en busca de algo que parece inexistente, un orgulloso sin remedio. Un alma en pena vagando libremente en un mundo lleno de dolor y alegría. Un mundo lleno de contrastes, donde todo depende de que perspectiva observes el vaso. ¿De qué se compone la realidad? Tristeza, felicidad, odio, amor, maldad, bondad. Es un conjunto de sensaciones, una mezcla de sabores que nos recuerdan que estamos vivos. La vida vale la pena cuando se tiene algo por lo cual luchar, algo que le de un verdadero significado a nuestra existencia. De otro modo somos simples fantasmas, entes incorpóreos atrapados en el tiempo. No hay dónde escapar, la única solución es enfrentar la realidad que nos toca. Hay quienes desesperan al no encontrar una respuesta, y quienes escarban hasta el último rincón de sus mentes con tal de encontrar una sola pista que los ayude.
Nadamos en un mar lleno de incertidumbres, sin la garantía de saber si algún día llegaremos a tocar tierra firme. Corremos tras un horizonte que no parece tener fin, hasta que en algún punto nuestros pulmones se encuentran muy agitados, nuestras piernas a punto de derrumbarse. Es en ese momento cuando nos preguntamos si realmente todo esto vale la pena, y la cosa se hace mucho más pesada cuando nos damos cuenta de que no hay nadie que nos extienda la mano al momento de levantarnos. Nadie es lo bastante autosuficiente como para enfrentarse a la soledad y el olvido, ni tampoco lo suficientemente fuerte como para aguantar cada golpe que da la vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario