jueves, 20 de abril de 2017

No hay motivo de alegría o de tristeza. No hay razón para festejar, ni tampoco para lamentarse. Vivo y muero en cada día que pasa, disfrutando de cada detalle que pueda. Los pensamientos que rebotan en el más absoluto de mis silencios ya no me lastiman.
No diría que estoy bien, pero tampoco podría decirse que estoy mal. Mi vida adquirió cierta tonalidad gris, como un cielo nublado que no deja salir el sol. No sé a qué dirección estoy yendo, pero no dejo que mi falta de orientación me estanque en el camino. No sé con qué motivo escribo esto, ni cuál es mi sensación en estos momentos. De alguna manera mis inseguridades se encuentran más seguras que nunca, dejándome un sabor agridulce.
Tengo una mezcla de emociones que no puedo describir, pero podría decirse que me siento derrotado y listo para la victoria. A la vez que victorioso y listo para la derrota.

domingo, 11 de diciembre de 2016

En momentos como el de hoy es cuando más te recuerdo. Cuando el sueño me abandona y no tengo a nadie en quien acudir. Con pensamientos acumulándose sobre mi cabeza, como una gran pila que amenaza con derrumbarse sobre mi cuerpo. Los recuerdos se hacen más lejanos con el tiempo, quedando nada más que pequeños fragmentos, como si todo hubiese sido sólo un sueño.
Si me dieran a elegir escogería uno de nuestros momentos más felices, lo inmortalizaría y viviría encerrado en ese bucle para siempre. Tu ausencia es una agonía, tu olvido todo un infierno en vida. Seguramente ya no siga presente en tus pensamientos, quizás otro tomó mi lugar. Aunque ya no es algo que me importe, porque siempre vas a ser mi dulce veneno.
Gran parte del mundo vive una vida carente de sentido, una vida repleta de espacios vacíos que se tratan de llenar con lujos, placeres, entretenimiento. Siguiendo los mismos patrones de siempre, corriendo en círculos dentro de una jaula creyendo que tienen libre albedrío. Pocos se paran a pensar si el camino que están tomando es el correcto, no cuestionan nada sobre la realidad que les concierne.
Somos partículas de polvo preocupadas por el pasar del tiempo, la muerte y el olvido. Corremos en círculos, buscando algún propósito que le de sentido a nuestra breve existencia. Algo que nos haga sentir importantes, vivos, satisfechos. Me pregunto si todo esto que vivimos tiene sentido alguno, quizás sólo tenemos que conformarnos con elegir una entre tantas ilusiones que nos mantengan ocupados hasta el fin de nuestros días.
Es insano fingir que todo está bien, lo cual hace que la sociedad se encuentre cada vez más enferma. Vivimos con máscaras que no nos dejan expresar lo que sentimos. Acumulamos tanto que terminamos por explotar, afectando todo aquello que nos rodea.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Un día como cualquiera

A veces me siento tan triste que no puedo evitar ignorar las pocas cosas buenas que tengo. Es un dolor que se esparce desde el corazón, extendiéndose por todo mi cuerpo. Ojalá alguien, algún día, logre escucharme de manera sincera. Quisiera tener una persona con la cual poder compartir momentos, quisiera no sentirme tan solo. A pesar de que me esfuerzo por revertir la situación siempre resulta en nada. Me culpo a mí mismo, hasta llegar al punto en que dejo de intentarlo. Es un ciclo que se repite miles y miles de veces, no tengo salida. Qué es un amigo me pregunto, y es que aquellos que dicen ser amigos no están en esos paseos que tengo que dar en solitario, en esas películas que veo en el cine sin nadie que me acompañe, en esas tardes y noches llenas de melancolía, pensando en tiempos pasados en los cuales no me sentía tan miserable. Trato de evitar estos pensamientos que me invaden durante gran parte de mi tiempo, hasta que el silencio se hace eterno y no puedo acallar las voces que me torturan. Finjo ser  fuerte cuando por dentro mis cimientos se encuentran cada vez más al borde del colapso. ¿Será mi destino el ser un desdichado, alguien que está condenado a pasar el resto de su vida solo, sin encontrar a nadie o algún día podré encontrar a alguien que se sienta como yo y así poder compartir nuestros momentos de soledad y silencio?

viernes, 4 de noviembre de 2016

Mis parpados se cierran lentamente, sumiéndome en un sueño profundo. A medida que todo se hace más oscuro mi vida pasa frente a mí, como un destello fugaz. Mi cuerpo se vuelve más ligero, mis sentidos se apagan, el silencio y la quietud se hacen absolutos. Me tambaleo como una hoja con dirección a ningún lado, mientras más caigo más frío se siente el ambiente. No tengo nada de qué preocuparme, ni motivo por el cual estar triste. Estando en medio de la nada me siento seguro, como si estuviese extento de todos los peligros del mundo. Me tomé un viaje de ida, a un lugar donde ya no habrá un mañana por el cual despertar

lunes, 6 de junio de 2016

No sé quién sos, no conozco tus miedos, tampoco cuáles son tus anhelos. Tus ojos carecen de deseo alguno, tus pupilas se dilatan a medida que acercamos la mirada. Puedo notar la oscuridad que se esconde detrás de ese marrón tan común. Trato de esquivarte lo más posible, pero hay veces donde no puedo evitar observarte fijamente. Porque me gustaría reconocerte, decir que somos la misma persona. No creo que tengamos los mismos objetivos, aunque ninguno de los dos sepa si tiene alguno.
Simplemente somos muy distintos, aunque siempre veo una parte de mí reflejada en vos. Compañeros de viaje sin mucho que decir, es algo que nos podría describir a la perfección. Eso de imitarme te sale muy bien, hasta podrían confundirnos diciendo que somos gemelos. Porque a la vez somos muy parecidos, al menos en cuanto a lo físico. No sé qué pensas, tampoco te gusta hablar mucho sobre lo que te aflige. No hacen falta palabras para comunicarnos, no existe silencio incómodo entre nosotros, no hay nada de qué avergonzarse.

sábado, 4 de junio de 2016

Divagando

Soy una persona sin mucho que decir, sin mucho que contar. Alguien en busca de algo que parece inexistente, un orgulloso sin remedio.  Un alma en pena vagando libremente en un mundo lleno de dolor y alegría. Un mundo lleno de contrastes, donde todo depende de que perspectiva observes el vaso. ¿De qué se compone la realidad? Tristeza, felicidad, odio, amor, maldad, bondad. Es un conjunto de sensaciones, una mezcla de sabores que nos recuerdan que estamos vivos. La vida vale la pena cuando se tiene algo por lo cual luchar, algo que le de un verdadero significado a nuestra existencia. De otro modo somos simples fantasmas, entes incorpóreos atrapados en el tiempo. No hay dónde escapar, la única solución es enfrentar la realidad que nos toca. Hay quienes desesperan al no encontrar una respuesta, y quienes escarban hasta el último rincón de sus mentes con tal de encontrar una sola pista que los ayude.
Nadamos en un mar lleno de incertidumbres, sin la garantía de saber si algún día llegaremos a tocar tierra firme. Corremos tras un horizonte que no parece tener fin, hasta que en algún punto nuestros pulmones se encuentran muy agitados, nuestras piernas a punto de derrumbarse. Es en ese momento cuando nos preguntamos si realmente todo esto vale la pena, y la cosa se hace mucho más pesada cuando nos damos cuenta de que no hay nadie que nos extienda la mano al momento de levantarnos. Nadie es lo bastante autosuficiente como para enfrentarse a la soledad y el olvido, ni tampoco lo suficientemente fuerte como para aguantar cada golpe que da la vida.